Mensaje de los Obispos Católicos al Pueblo Colombiano

Por una Colombia unida y en paz

“Les ruego por la misericordia de Dios que no se acomoden al mundo presente, antes bien transfórmense mediante la renovación de su mente, de forma que puedan distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto”
(San Pablo a los Romanos 12,1-2).

    1. Los obispos católicos de Colombia nos hemos reunido en la 117ª Asamblea Plenaria para elegir las nuevas directivas de la Conferencia Episcopal y para considerar y discernir la realidad nacional, con la esperanza de que todos ayudemos a hacer de nuestro país un lugar donde predomine la unidad y la reconciliación.
    2. Los colombianos no podemos acostumbrarnos a las variadas formas de violencia que siguen marcando nuestro presente y generan un sentimiento creciente de inseguridad en la población, como está sucediendo en el Suroccidente del país y en otras regiones, situación que miramos con gran preocupación. No podemos acostumbrarnos a que el poder de las armas, de la ilegalidad, de la corrupción egoísta y del narcotráfico siga cobrando la vida de muchos compatriotas, especialmente adolescentes y jóvenes, y destruya la rica biodiversidad de nuestras tierras y mares. Ante este panorama, “lo bueno, lo agradable y lo perfecto” consiste en reconocer la infinita dignidad de cada persona y el cuidado que le es debido; en proteger las instituciones legalmente constituidas que son la base de nuestra democracia; en hacer respetar nuestra casa común, tan rica de bienes materiales, ambientales, culturales y saberes ancestrales.
    3. No podemos acostumbrarnos al debilitamiento de la institución familiar y de la obra educativa, lugares originarios donde se arraigan los valores y virtudes de una sociedad. Percibimos que nuestros niños y jóvenes están expuestos a muchos peligros y corren el riesgo de crecer sin orientación moral, tristes y sin esperanza. Aquí, “lo bueno, lo agradable y lo perfecto” es apoyar a las familias en su crecimiento espiritual, emocional y social, así como asegurar un modelo educativo capaz de promover los valores de la responsabilidad, el amor, la verdad, la solidaridad, la justicia y la equidad.
    4. No podemos acostumbrarnos a la polarización política e ideológica que impide al país avanzar y lo hunde en la incertidumbre. Si bien es cierto que estamos en una sociedad pluralista, también se ha de considerar que la defensa a ultranza de posiciones que no aceptan la confrontación, ajenas a un proyecto común de país, en nada ayuda a la consecución de la paz. Ante esta tentación, en cambio, “lo bueno, lo agradable y lo perfecto” es reconocer con humildad la diversidad de pensamientos y visiones, y la rica posibilidad que ofrece el diálogo sincero y profundo. A pesar de las diferencias es posible estrechar lazos de amistad social, generar una auténtica cultura del encuentro, mirar más allá de intereses particulares o grupales y entrever el mayor bien para todos, confiando, además, en que los liderazgos en favor del bien común son posibles.
    5. Estas urgencias que señalamos suponen, como lo indica el Apóstol, una “renovación de la mente” que incluye superar la lógica del individualismo y la búsqueda egoísta de bienes particulares, que sólo produce inequidad y exclusión, y dificulta el trabajo por una Colombia unida y en paz. En este propósito de renovación, como Iglesia, queremos escuchar a todos y dialogar con franqueza. Queremos fortalecer los vínculos con las realidades e instituciones de la sociedad que se esfuerzan por promover el desarrollo integral de la persona, especialmente de los que tienen menos y sufren mayor marginación. Queremos contribuir a la búsqueda de caminos de crecimiento para nuestra nación. Seguiremos, con la fuerza de la fe, ofreciendo misericordia y proponiendo la buena noticia de Jesucristo, seguros de que en Él ninguna esperanza queda defraudada. Convencidos de que toda persona es un potencial de esperanza, invitamos a cada compatriota para que contribuya, con sus dones, en la construcción de un mejor país.
    6. Nuestra Asamblea se concluye con la celebración del XIII Congreso Nacional Misionero, evento en el que recordamos a tantos hombres y mujeres que en nuestra tierra han entregado sus vidas por la causa del Evangelio. Renovaremos nuestro compromiso de contribuir al bien de Colombia siendo testigos de la fe y pregoneros de la gracia del buen Dios por todos los rincones de nuestro territorio y más allá de nuestras fronteras.

Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, patrona de nuestra nación, nos acompañe a todos en este instante vital de nuestra Patria.

Bogotá, D.C., 04 de julio de 2024,

+ Francisco Javier Múnera Correa, IMC
Arzobispo de Cartagena
Presidente de la Conferencia Episcopal

+ Gabriel Ángel Villa Vahos
Arzobispo de Tunja
Vicepresidente de la Conferencia Episcopal

+ Germán Medina Acosta
Obispo Electo de Engativá
Secretario General de la Conferencia Episcopal

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