BODAS DE DIAMANTE

“¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?” (Salmo 116, 12), exclamaron los participantes. Eso fue en la Parroquia San Judas Tadeo – barrio Bastidas, en el contexto de la Natividad del Señor, donde los esposos José Francisco Vásquez Echeverría y Ligia Esther Eljach García, alegres hacían realidad la respuesta del salmista: “levantaré la copa de la salvación e invocaré su nombre, cumpliré las promesas del Señor en presencia de todo el Pueblo”. Así celebraron sus bodas de diamante matrimoniales, o sea, 60 años de ese “si quiero” para siempre.

Monseñor José Mario Bacci Trespalacios, los sacerdotes Mario Arturo Monsalvo Bolaño, Victor Julio Vargas Bolaño, Félix Antonio Lopez Escorcia y Ramiro Atenógenes Nuñez Anaya, familiares, amigos y fieles, celebraron la Eucaristía de acción de gracias, por la esperanza que trae Niño recién nacido hecho Salvación y en el testimonio de unidad, fidelidad e indisolubilidad, dado como Evangelio vivo del matrimonio y la familia en las personas de José Francisco y Ligia Esther, quienes recibieron de manos Monseñor José Mario y leída por el párroco, la bendición enviada por el papa Francisco y firmada por el Cardenal polaco Konrad Krajewskí, por su testimonio de amor y entrega desde la vocación al amor, acogida con sorpresa y alegría. 

También en la misma Eucaristía, Monseñor sorprendió gratamente a cinco feligreses, que durante mucho tiempo han servido a la Diócesis de Santa Marta en el trabajo misionero desde la parroquia San Judas Tadeo, ellos son testimonio de entrega, servicio y celo apostólico como catequistas, ministros extraordinarios de la Eucaristía, proclamadores de la Palabra, miembros del Consejo Pastoral y pertenecientes a la Congregación San Judas Tadeo; y a su vez colaboradores de los sacerdotes que han servido a esta comunidad parroquial desde hace más de cincuenta años. Ellos son: Marta Beatriz Fuentes García, Vilma Esther Jolianez Rodriguez, Ena María Perdomo Macdaniel, Ligia Esther Eljaich Garcia y Víctor Rafael Navarro Bruges, ellos mayores y con algunos quebrantos de salud, acudieron al templo y recibieron con gratitud el hermoso detalle del obispo José Mario, como padre y pastor de este rebaño. Finalmente en la casa cural, entre copas y manteles brindaron y comieron, porque “el Señor ha estado grandes con nosotros y estamos alegres” (Salmo 125).

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