CUANDO DIOS VISITA A SU PUEBLO

Entre el 16 y el 24 de diciembre, cada año, las familias y los amigos, los compañeros de trabajo, los jóvenes y los niños se reúnen para celebrar la Novena de Navidad. Esta tradición ha adquirido en Colombia una raigambre única. No se trata de una simple costumbre, heredada de generación en generación. Es, más bien, la expresión de una gran sensibilidad espiritual que nos une en torno al acontecimiento más importante de la historia: Dios ha venido a nuestro encuentro en la persona de su hijo, Jesucristo, el Señor. Con el nacimiento del Niño de Belén tienen comienzo los misterios de la redención de la humanidad que llegarán a su plenitud en la entrega de amor de Jesucristo, el Señor, por nosotros en la cruz. Con su muerte destruyó nuestra muerte y, en su resurrección, todos hemos sido resucitados y hechos nuevas creaturas. 

Esta noticia, de la cual la Iglesia es portadora, resuena con toda la fuerza en la celebración de la Navidad. El hecho “CUANDO DIOS VISITA A SU PUEBLO”  significado en esta celebración es transcendental porque cambia para siempre la historia de la humanidad: “Dios ha visitado a su pueblo” (cf. Lc 7, 16). ¡Dios, presente en la historia! Y esta visita de Dios se extiende en el tiempo como anuncio gozoso y lleno de esperanza que, al mismo tiempo, realiza su actuación de salvación, en la historia, de modo permanente y eficaz. Una vez encarnado en la humanidad de Jesucristo, Dios se ha hecho nuestro compañero permanente en el camino de la vida y su presencia en cada uno es viva, real y eficaz. 

“Cuando Dios visita a su pueblo -dice el Papa Francisco – quiere decir que su presencia está allí, siempre a nuestro alcance, de manera especial”. Y refiriéndose al relato de la resurrección del hijo de la viuda de Naím (cf. 7, 10-17), el Papa precisa aún más: “¿por qué el pueblo alude a la visita de Dios? ¿Por qué usa esta expresión? ¿Sólo porque Jesús ha hecho un milagro? En realidad, hay algo más, hay algo nuevo. Lo fundamental es comprender cómo visita Dios… antes que nada con su presencia, con su cercanía… Un Dios cercano que logra entender el corazón de la gente, el corazón de su pueblo. La cercanía es el modo de Dios”. 

Y esta cercanía de Dios alcanza la plenitud en la persona del Hijo: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn 14,8). En Jesucristo, Verbo encarnado, la humanidad entera tiene acceso pleno al misterio de Dios. En su palabra de sabiduría y en la bondad de su corazón, en sus enseñanzas y en sus gestos de poder, todos podemos decir: “Dios ha visitado a su pueblo”. Cada uno puede decir en primera persona: “En Jesús, nacido en Belén, muerto en la cruz y resucitado para siempre, Dios me ha visitado”. Comprendemos, entonces, que la vida de Jesús, desde Belén (nacimiento) hasta el Gólgota (muerte en cruz) y la vuelta a Galilea (anuncio del resucitado a sus discípulos) es la visibilización del Padre, su definitiva irrupción en la historia, su actuación de salvación entre nosotros. 

Esta cercanía plena y permanente de Dios-con-nosotros es el contenido esencial de la celebración de la Navidad. Por eso, la Iglesia ha hecho todo esfuerzo por preservar su celebración en el tiempo, de modo que Él mismo llegue a ser la plenitud de todos los que vivimos en el tiempo. Por eso, el mejor modo de vivir la Navidad implica un doble movimiento del corazón: la alegría de la venida del Señor y el compromiso de hacernos cada día auténticos discípulos de Él, de modo que el entusiasmo de la época decembrina no sea apenas un sentimiento superficial y fugaz, sino la alegría de sabernos amados por Dios al punto de visitar a su pueblo para permanecer siempre entre nosotros. 

Por eso, hermanas y hermanos, este año, la Diócesis de Santa Marta ha querido marcar de modo muy particular la celebración de la Navidad. En primer lugar, por su significado propio que ya hemos descrito ampliamente; y en segundo lugar, porque queremos dar inicio, con esta celebración navideña junto a todo el pueblo de Dios, a un nuevo paso: en nuestro afán por realizar la misión evangelizadora que nos ha sido confiada, queremos construir juntos un nuevo Plan Pastoral Diocesano.

 

Muy fraternalmente 

Monseñor José Mario Bacci Trespalacios, cjm

Obispo de Santa Marta

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