FELIZ DÍA DE TODOS LOS SANTOS 

Reciban mi saludo cordial en este bellísimo día de nuestra liturgia: la solemnidad de Todos los Santos. Una celebración que fija nuestra mirada en el Único Santo: Dios Padre. Él es la santidad misma; y de esta plenitud de vida participamos todos, gracias a la acción continua del Espíritu que conforma nuestra existencia con la Persona del Hijo. Así, entonces, la humanidad tiene pleno acceso a la santidad. Una vida, frágil por sí misma, hecha capaz de Dios, templo del Espíritu y configuración con el Hijo. Así entonces se vive la santidad como don por participación, no como virtud aprendida. Esto no impide, desde luego, que, conscientes del don, nuestro empeño permanente sea asumido como exigencia para asegurar el desarrollo del don en nosotros.
 
Hoy entonces, nuestro corazón se eleva en contemplación de la fecundidad de la santidad divina en los buenos hijos de la Iglesia, capaces de vivir, en medio de las contradicciones de la historia, el evangelio de Cristo en conformación con la vida del Señor. 
 
También es un día para reconocer la riqueza enorme de los “santos de la puerta de al lado”. Son la inmensa mayoría santa de la Iglesia: discretos, sin milagros extraordinarios, con tropiezos sonados, dudas, sacrificios olvidados y pequeñas victorias. En todas nuestras parroquias hemos conocido y conocido gente de esta calidad de vida cristiana.
 
Ambos grupos constituyen la inmensa muchedumbre del Apocalipsis: que nuestros nombres estén en algunos de estos grupos! No es una expresión vanidosa, sino el deseo llegar a ser lo que somos: “ser cristianos y ser santos son la misma cosa” (san Juan Eudes). 
 
En este día el Papa Francisco, en la intención de oración de este mes, pide la oración del pueblo para poder discernir y actuar siempre con la fuerza del Espíritu. Creería que es posible ver en ese pedido otra “raíz” de nuestra santidad: la vida pastoral que nos une al pueblo al que nos debemos. Lo dijo Vaticano II: “nuestro ministerio es la fuente de nuestra santificación” (PO). Porque en el servicio pastoral se mide también la calidad de la vida interior del ministro que vive la santidad como don de permanente crecimiento en sí mismo y que adquiere manifestación plena en el ejercicio de la misión.
 
Que el Señor haga de nosotros miembros en continua santidad de la Iglesia “que adora y que sirve”, la Iglesia en Sínodo que el Papa diseñó en homilía de clausura de la Sesión Plenaria 2023. 
 
¡Feliz día para todos!

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