LOS OBISPOS DE COLOMBIA PIDEN RESPETAR LA INDEPENDENCIA DE LOS PODERES DEL ESTADO

MENSAJE DE LOS OBISPOS AL PUEBLO DE DIOS
CXVI Asamblea Plenaria
Bogotá, 5 al 9 de febrero de 2024

“Cristo Jesús, Nuestra Esperanza”

Los obispos católicos de Colombia, reunidos en la CXVI Asamblea Plenaria, queremos hablar al corazón de todos los colombianos y compartir la luz que recibimos del Evangelio: «La esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado» (Rm5, 5).

Las palabras del apóstol Pablo, unen el horizonte de la esperanza cristiana al don del Espíritu Santo que es fuerza de vida que acoge las diferencias y crea unidad, que derriba todo muro que separa e impide el diálogo y el encuentro.

Reconocemos que el momento actual que vive el país exige de parte de todos encontrar los caminos que nos permitan avanzar en la construcción de la nación que anhelamos. lo cual no se logrará sin una decidida opción por la vida, la unidad, la verdad y el bien.

1. ¡El momento es desafiante!
Consideramos que el gran desafío, urgente y apremiante, que tenemos como país es el fortalecimiento y el cuidado de nuestra democracia e institucionalidad, mediante el reconocimiento y el respeto de la independencia de los distintos poderes del Estado. De no responder unidos a este desafío, nos veríamos más expuestos a transitar los dolorosos y estériles caminos del odio y la violencia.

Sólo así, avanzaremos en la construcción de un proyecto común de país, que inspire las necesarias reformas que se proyectan y se han de realizar en un escenario de valoración de los logros ya alcanzados y de propuesta de los cambios requeridos, en un ambiente de diálogo, consenso y acuerdos con todos los sectores sociales, a nivel nacional y territorial.

Reconocemos que «cada vez que las personas y las comunidades aprendemos a apuntar más alto de nosotros mismos y de nuestros intereses particulares […] las tensiones e incluso los que se podrían haber considerado opuestos en el pasado, pueden alcanzar una unidad multiforme que engendra nueva vida» (Papa Francisco, Carta Encíclica Fratelli Tutti [FT] 245).

2. Clamores
El país atraviesa una compleja situación en la que brotan grandes expectativas que necesitan ser resueltas y que tienen que ver con la situación económica, con la vida política, con las crisis sociales, culturales y ambientales, y con la construcción de la Paz.

En lo económico, junto a la desaceleración mundial, continúan los problemas estructurales y coyunturales referidos, entre otros, a la inequidad, al empobrecimiento, al desempleo y al crecimiento de la informalidad, en cuyas soluciones se reconocen avances y estancamientos.

En lo político, el fenómeno de la polarización hace cada vez más difícil y lejana la posibilidad real de construir un proyecto conjunto de país y de acordar las correspondientes reformas que permitan su concreción y desarrollo.

En lo social y ambiental, el escándalo de la pobreza no resuelta acelera el deterioro de las personas y comunidades más vulnerables, ahondando las desigualdades y dando paso a formas de supervivencia violentas y desesperadas que son alimentadas por las redes criminales del narcotráfico, la minería ilegal, la trata de personas y el comercio de armas.

En la construcción de la paz, mantenemos en la memoria personal y colectiva como país, profundas heridas aún no sanadas que condicionan nuestras disposiciones y actitudes ante el deseo y la búsqueda sincera y corresponsable de la paz social.

3. Amenazas contra la esperanza
Junto a la polarización -convertida en estrategia que rompe la unidad, al servicio de intereses que atentan contra el bien común- encontramos el descrédito y la desconfianza en las instituciones: la persistencia de la corrupción que permea nuestra cultura y la inoperancia de los sistemas de control del Estado: la falta de articulación de liderazgos interinstitucionales a nivel regional y nacional; la extorsión, el desplazamiento y el confinamiento de comunidades enteras, víctimas del enfrentamiento territorial entre diversos grupos armados.

No obstante. estas amenazas contra la esperanza, sabemos que «la verdadera reconciliación no escapa del conflicto, sino que se logra en el conflicto, superándolo a través del diálogo y de la negociación transparente, sincera y paciente. La lucha entre diversos sectores “siempre que se abstenga de enemistades y de odio mutuo, a poco se convierte en una honesta discusión. fundada en el amor a la justicia”» (FT244).

4. Fortalezcamos la esperanza
Nos acompaña la firme convicción de que «Dios sigue derramando en la humanidad semillas de bien» (FT 54) y de que el pueblo colombiano, plural y diverso en su composición, posee la capacidad de levantarse y avanzar unido en la construcción del un mejor país.

¿Qué nutre y fortalece la esperanza?
•La prioridad dada al respeto incondicional de la vida y dignidad de cada persona.
• El rechazó explicito y decidido de toda forma de violencia como vía de solución de los conflictos políticos sociales.
• El fortalecimiento de la democracia en el respeto de la institucionalidad que son, a la vez, patrimonio y garantía, para la construcción del proyecto de nación.
• un proyecto educativo que firme la centralidad de la persona humana y forma integralmente, acentuando los valores éticos; que respete el derecho a la educación tanto pública como privada y cierre brechas sociales.
• El diálogo transparente fundado en la búsqueda de la verdad que parte del reconocimiento de las distintas posiciones y que lleve al restablecimiento de la confianza y la construcción de consensos sólidos.

5. Todos llamados al compromiso
«Cuánto más difícil es el camino que conduce la paz y el entendimiento, más empeño hemos de poner en reconocer al otro, en sanar las heridas y construir puentes, en estrechar lazos y ayudarnos mutuamente» (Papa Francisco, Visita Apostólica a Colombia, encuentro con las autoridades, sept. 7 de 2027)

En sintonía con el Papa Francisco, llamamos:
A todo el pueblo colombiano, a la cordura y la unidad; podemos asumir una activa participación ciudadana, con conciencia y madurez; podemos participar en la elaboración de proyectos colectivos donde quepamos todos.

A los gobernantes, a los responsables de las instituciones del Estado y a los líderes sociales, a superar visiones particularistas, orientándose hacia el bien común puesto que, «con renuncias y paciencia […]. es posible ayudar a crear ese hermoso poliedro donde todos encuentran un lugar. En esto no funcionan las negociaciones de tipo económico. Es algo más, es un intercambio de ofrendas en favor del bien común» (FT 190).

A todas las personas y grupos que ven en la violencia un camino de reivindicación, de aprovechamiento económico, de aplicación de justicia o de solución de los conflictos por su propia cuenta, a salir de este círculo perverso que, como históricamente hemos comprobado, sólo engendra muerte y destrucción. Por esto, ratificamos que ¡este no es el camino!

Próximos a iniciar el tiempo de cuaresma, llamamos a todo el pueblo de Dios, en la diversidad de vocaciones, carismas y ministerios, a una profunda conversión al Evangelio, a una más intensa vida de oración como escuela de esperanza y a un vigoroso compromiso misionero que nos haga ser luz, fermento, sal y testigos de «Cristo Jesús nuestra esperanza» (1 Tm1.1).

Manifestamos, como Episcopado Colombiano, nuestra disposición a seguir colaborando en las instancias de diálogo y concertación que sean necesarias, y confiamos el presente y el futuro del país al amparo maternal de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, Estrella de la Esperanza.

«La esperanza es audaz, sabe mirar más allá de la comodidad personal, de las pequeñas
seguridades y compensaciones que estrechan el horizonte, para abrirse a grandes ideales
que hacen la vida más bella y digna» (FT 55)

Formado por:
+ Cardenal Luis José Rueda Aparicio, Arzobispo de Bogotá y Primado de Colombia, Presidente de la Conferencia Episcopal.
+ Mons. Omar Sánchez Cubillo, Obispo de Popayán, Vicepresidente de la Conferencia Episcopal.
+ Mons. Luis Manuel Alí Herrera, Obispo Auxilia del Bogotá, Secretario General de la Conferencia Episcopal.