SEMINARISTAS RECIBIERON EL MINISTERIO DEL ACOLITADO

En el día de ayer, recibieron, de manos de Mons. José Mario Bacci, el Ministerio del Acolitado los seminaristas: Brayan Martínez Jiménez de la Diócesis de El Banco y José David Ochoa Calderón de la Diócesis de Santa Marta. 

La institución del ministerio se realizó dentro de la Ceremonia Eucarística que tuvo lugar en la capilla del Seminario Mayor san José de nuestra Diócesis, y en la que participaron el rector del seminario, Pbro. Jair Polo, sacerdotes formadores, seminaristas, familiares y amigos de los nuevos acólitos. 

En su homilía, Mons. José Mario se refirió al ministerio que recibieron estos seminaristas:

“Indica no un paso más. Esto no es de grados que uno va superando en el camino de la vocación, no, estrictamente hablando, no es un paso más. Es sí, un signo de profundización en la respuesta al llamado. Es sí, una manifestación concreta ante la comunidad y ante el Señor, de que la vocación ya no es simplemente un eco lejano, sino la única voz que resuena en el corazón y por tanto, pide de mi, de modo progresivo, el compromiso de toda mi vida. Si no es eso lo que está en la mente y en el corazón, vaciamos de sentido este momento de fe, de celebración, de expresión de confianza de la Iglesia en el don de la vocación, que al menos, en este momento de sus historias, la Iglesia discierne, existe de hecho, hay signos que confirman el llamado del Señor. “

Mons. José Mario también hizo énfasis en que una vocación llevaba a feliz término, solo se da cuando respondemos plenamente al llamado del Señor: 

“La propia vocación, el  propio llamado, la propia existencia vivida como respuesta al Señor, en el compromiso pleno, total de la vida. Esa es la única garantía de una vocación plena, felizmente realizada.”

“A partir de esa experiencia vivida en una progresiva entrega, la vida misma se hace vocación del Señor. Ya no es algo externo a nosotros, sino la realidad que nos constituye por dentro. Y así, recibir ahora el Ministerio del Acolitado, los pone, también, ante un compromiso concreto de asiduidad del sacramento de la eucaristía, de contemplación profunda de este misterio de la donación total de Jesucristo por nosotros en la cruz, cuya anticipación sacramental es la Eucaristía. Hasta que de la contemplación se pase a la vida y la vida se transforme en Eucaristía, en donación de la propia existencia al servicio del pueblo de Dios; en configuración plena con Jesucristo: cabeza, pastor, siervo y esposo”,  agregó Mons  José Mario.  

Finalmente, el señor obispo los bendijo y los invitó a atender los instrumentos que Dios utiliza como mediación de la vocación: 

“El Señor mismo, que es fiel con los que llama,  les asegure siempre el don de su gracia. De modo, que en la correspondencia plena de su humanidad: frágil y vulnerable, fecundados por la gracia, puedan verificar en si mismos, el don de Dios que va configurando la propia existencia con la de su Hijo y el servicio al pueblo de Dios, para quien se destina desde el ministerio mismo. El Señor los acompañe en este camino. Que nuestra oración, nuestro afecto, nuestra cercanía, el servicio de los formadores, el pueblo de Dios que los recibe en las diferentes comunidades; que todos estos instrumentos de la mediación de Dios vayan, poco a poco, haciendo brotar en el corazón de cada uno, el corazón de Cristo, Buen Pastor,  para que vivan a plenitud la propia vocación y también, entiendan la propia existencia como servicio a la humanidad y a la Iglesia.”

“Unidos todos en oración, también queremos nosotros acompañar a José y a Brayan en la institución del ministerio. Que sean para siempre servidores del pueblo de Dios, con las tres características que la oración inicial indicaba como el programa de vida de todo ministro en la Iglesia: que el Señor les conceda disponibilidad para la acción; mansedumbre en su ministerio y perseverancia en la oración.” concluyó de esta manera su homilía.