“En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”

Oración:

Invocación al Espíritu Santo:

Ven Espíritu Santo, ven a nuestra vida, a nuestros corazones, a nuestras conciencias. Mueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad para entender lo que el Padre quiere decirnos a través de su Hijo Jesús, el Cristo. Que tu Palabra llegue a toda nuestra vida y se haga vida en nosotros.

Amén.

 

Texto Bíblico: Mateo 28, 16-20.

Del santo Evangelio según san Mateo 28, 16-20

Los once discípulos fueron, pues a Galilea, al monte donde les había ordenado Jesús.  Y al verlo lo adoraron; algunos, sin embargo, dudaron. Y llegándose Jesús les habló, diciendo: “Todo poder me ha sido dado en el cielo y sobre la tierra.  Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a conservar todo cuanto os he mandado. Y mirad que Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”.

Palabra del Señor.

 

Preguntas para reflexionar personalmente o en grupo:

  • ¿Cuál es el punto que más ha llamado tu atención en el texto? ¿Por qué?
  • ¿Cuál es la imagen de Jesús que nos comunica este evangelio?
  • ¿En qué manera el misterio de la Trinidad aparece en el relato de hoy?

 

Reflexión

Y al verlo lo adoraron; algunos, sin embargo, dudaron. Al ver a Jesús, los discípulos se postraron delante de Él. La postración es la posición del que cree y acoge la presencia de Dios, aunque ella sorprende y sobrepasa la capacidad humana de comprensión. Aunque lo reconocieron, algunos, sin embargo, dudaron. Los cuatro evangelistas acentúan la duda y la incredulidad de los discípulos de frente a la resurrección de Jesús (Mt 28,17; Mc 16,11.13.14; Lc 24,11.24.37-38; Jn 20,25). Ello sirve para demostrar que los apóstoles no eran unos ingenuos y, también, sirve para animar a las comunidades de los años ochenta (d.C), fecha en que se escribió el Evangelio de Mateo, que tenían todavía dudas.

Me ha sido dado todo poder sobre la tierra. Solemne frase que se parece mucho a esta otra afirmación: “Todo me ha sido dado por mi Padre” (Mt 11,27). También son semejantes algunas afirmaciones de Jesús que se encuentran en el evangelio de Juan: “Sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos” (Jn 13,3) y “Todo lo que es mío es tuyo y todo lo tuyo es mío” (Jn 17,10). La misma convicción de fe con respecto a Jesús se vislumbra en los cánticos conservados en las cartas de Pablo (Ef 1,3-14; Fil 2,6-11; Col 1,15-20). En Jesús se manifestó la plenitud de la divinidad (Col 1,19). Esta autoridad de Jesús, nacida de su identidad con Dios Padre, da fundamento a la misión que los Once están por recibir y es la base de nuestra fe en la Santísima Trinidad.

La triple misión

Jesús comunica una triple misión: (1) hacer discípulos a todas las naciones, (2) bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y (3) enseñarles a observar todo lo que había mandado.

  1. a) Llegar a ser discípulos: El discípulo convive con el maestro y aprende de él en la convivencia cotidiana. Forma comunidad con el maestro y lo sigue, tratando de imitar su modo de vivir y de convivir. Discípulo es aquella persona que no absolutiza su propio pensamiento, sino que está siempre dispuesto a aprender. Como el “siervo de Yahvé”, el discípulo, él o ella, afinan el oído para escuchar lo que Dios ha de decir (Is 50,4).
  2. b) Bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo: La Buena Noticia de Dios que Jesús nos ha traído es la revelación de que Dios es el Padre y que por tanto todo somos hermanos y hermanas. Esta nueva experiencia de Dios, Jesús la ha vivido y obtenido para nuestra bien con su muerte y resurrección. Es el nuevo Espíritu que Él ha derramado sobre sus seguidores en el día de Pentecostés. En aquel tiempo, ser bautizado en nombre de alguno significaba asumir públicamente el empeño de observar el mensaje anunciado. Por tanto, ser bautizado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, era lo mismo que ser bautizado en el nombre de Jesús. (At 2,38) y lo mismo que ser bautizado en el Espíritu Santo (At 1,5).

Significaba y significa asumir públicamente el compromiso de vivir la Buena Noticia que Jesús nos ha dado: revelar a través de la fraternidad profética que Dios es Padre y luchar porque se superen las divisiones y las separaciones entre los hombres y afirmar que todos somos hijos e hijas de Dios.

  1. c) Enseñar a observar todo lo que Jesús ha ordenado: No enseñamos doctrinas nuevas ni nuestras, sino que revelamos el rostro de Dios que Jesús nos ha revelado. De aquí es de donde se deriva toda la doctrina que nos fue transmitida por los apóstoles.

Dios con nosotros hasta el final de los tiempos. Esta es la gran promesa, la síntesis de todo lo que ha sido revelado desde el comienzo. Es el resumen del Nombre del Dios, el resumen de todo el Antiguo Testamento, de todas las promesas, de todas las aspiraciones del corazón humano. (Agradecimientos a Portal Carmelitano).

 

Reflexión personal

  • ¿Cuál es exactamente la misión que Jesús confiere a los Once?
  • ¿Cuál es hoy la misión de nuestras comunidades como discípulos de Jesús?
  • Según el texto, ¿dónde podemos encontrar la fuerza y el valor para cumplir nuestra misión

 

¿Qué compromisos puedo hacer?

  • Recita el Credo interiorizando cada palabra y siendo consciente de lo que dices.
  • Piensa que puedes hacer para tener una relación más personal e íntima con cada una de las personas de la Santísima Trinidad, para que fortifiquen tu fe, te enseñen a amar y te vivifiquen y transformen interiormente.
  • Define en oración que apostolado o misión puedes realizar en tu familia, con tus amigos, en tu parroquia o en tu movimiento apostólico.

 

Oración final:

Señor Jesús, te damos gracias por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

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