“Enderecen los senderos del Señor”

Oración:

Señor Jesús abre mis ojos y mis oídos a tu palabra. Que lea y escuche tu voz y medite tus enseñanzas, despierta mi alma y mi inteligencia para que tu palabra penetre en mi corazón y pueda yo saborearla y comprenderla. Dame una gran fe en ti para que tus palabras sean para mí otras tantas luces que me guíen hacia ti por el camino de la justicia y de la verdad. Habla señor que yo te escucho y deseo poner en práctica tu doctrina, por que tus palabras son para mí, vida, gozo, paz y felicidad. Háblame Señor tú eres mi Señor y mi maestro y no escucharé a nadie sino a ti. Amén.

Texto Bíblico: Mc 1, 1-8.

Comienzo de la buena noticia sobre Jesús, el Mesías, el Hijo de Dios. Como ha sido escrito en el profeta Isaías: “Mira, envío mi mensajero delante de ti para preparar tu camino”. “Voz del que está gritando en el desierto: ¡Prepara el camino para que el Señor pase!¡Haz caminos rectos para Él!”. Así es como apareció Juan el Bautista en el desierto, bautizando al pueblo y anunciando el mensaje sobre el bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Muchos habitantes de Judea y Jerusalén venían a escuchar a Juan, confesando sus pecados y Juan los bautizaba en el río Jordán. Juan llevaba un vestido hecho de pelo de camello y un cinturón de cuero, y comía saltamontes y miel pura de abejas. Él anunciaba con voz potente al pueblo lo siguiente: “Después de mí viene alguien que es más importante que yo, y no merezco agacharme y desatar las correas de sus sandalias. Yo los bautizo con agua, pero Él los bautizará con el Espíritu Santo”. Palabra del Señor.

 Preguntas para reflexionar personalmente o en grupo:

  • ¿Cuál es el punto del texto que te ha gustado más o ha llamado más tu atención?
  • ¿Qué dice el texto sobre la misión de Juan Bautista?
  • ¿Con qué fin el Evangelio cita a los dos profetas del Antiguo Testamento?
  • ¿Qué dice el texto sobre la persona de Jesús y sobre su misión?

 Reflexión

En este segundo domingo de adviento, el comienzo del Evangelio de Marcos nos trae un eco de aquello que decía Isaías. Juan el Bautista es el continuador de esa serie de imperativos que escucharemos en la 1ª lectura de la Misa: «Consolad a mi pueblo…, gritadle que se ha cumplido su servicio…, preparadle un camino al Señor, allanad la estepa, alzad los valles, abajad las colinas, enderezad lo torcido, igualad lo escabroso…» El Bautista, mucho más escueto, dirá simplemente: «preparadle el camino al Señor, allanad sus senderos». Ambos profetas, inciden en lo mismo: que el Señor va a llegar y que su llegada no se puede improvisar.

Algunos Santos Padres, como S. Bernardo, hablaban de los tres Advientos, las tres llegadas del Señor: la que aconteció hace dos mil años cuando vino en la humildad de nuestra carne; la que acontecerá al final de los tiempos, cuando Él vuelva en su gloria; y la que deseablemente acontece en la vida del creyente que acoge al Señor. Por eso, la actitud justa de un cristiano no es la nostalgia por aquella primera llegada de Jesucristo en Belén, ni tampoco el temor por la última venida, al final de los tiempos. La actitud de un cristiano que quiere celebrar en serio la venida cotidiana de Dios, es precisamente prepararse en el sentido que indican Isaías y Juan Bautista.

Cuáles son las altiveces que hay que allanar, cuáles las desviaciones que hay que enderezar, cuáles los extravíos que hay que devolver a la verdad… es algo que cada uno debe ir viéndolo personalmente.

Un creyente que se propone celebrar la Navidad cristiana, sabe que el mensaje de Isaías y del Bautista no es la consabida insitencia que corresponde a este tiempo, sino que, efectivamente, hay que ir preparando ya nuestros caminos para vivir en cristiano este tiempo que en parte ha sido secuestrado paganamente.

Mirando a Dios, mirando a nuestro derredor –ese entorno más próximo como también el más lejano –, y mirando a nuestra propia conciencia personal, sin lugar a dudas que hallaremos en nuestra vida pensamientos, palabras, acciones-omisiones… que están pidiendo una revisión para que el Señor pueda transitar nuestros caminos y nosotros recorrer sus senderos. (Autor: Monseñor Jesús Sanz Montes.)  

Reflexión personal

  • ¿Soy mensajero del Evangelio, del gozo del amor que el Padre nos ha manifestado en Jesús? O ¿soy mensajero de noticias tristes, como un profeta de calamidades?
  • ¿Espero de verdad, confío totalmente que este Enviado Jesús, Mesías, Hijo de Dios, nos trae la verdadera salvación y liberación del pecado y problemas psicológicos (miedo, depresión, euforia exagerada…) ¿Creemos de verdad en Él?
  • ¿Hago algo por llevar a los demás la alegría y el gozo del Evangelio? ¿Lo entiendo así? O ¿lo siento como un peso, cargado de leyes, preceptos, mandamientos…?
  • ¿Soy de verdad el “quinto Evangelio” para aquellos que no saben de la Buena Noticia que es Jesús?

¿Qué compromisos puedo hacer?

Predicaré con mi testimonio y con mis palabras a mis seres queridos que Jesús está cerca.

Oración final:

Señor Jesús, heme aquí, ante ti, a unas semanas de la Navidad. Concédeme enderezar mis pensamientos, palabras y obras hacia ti. Quiero prepararme sinceramente para ofrecerte un corazón cálido en este 24 de diciembre. Por eso, te pido, Jesús, que me concedas llenarme de ti de tal manera, que no pueda menos que transmitirte a las personas con las que convivo día a día.