“SI ALGUNO QUIERE VENIR EN POS DE MÍ, QUE SE NIEGUE A SÍ MISMO”

Oración inicial:

Salmo 63

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos.

Porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti, y tu diestra me sostiene.

Texto Bíblico: Mateo 16, 21-27

Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.

Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte». Jesús se volvió y dijo a Pedro: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».

Entonces dijo a los discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.

¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.

Preguntas para reflexionar personalmente o en grupo:

  • ¿Qué fue lo que manifestó Jesús a sus discípulos?

  • ¿Por qué Pedro se opuso a lo manifestado por Jesús?

  • ¿Por qué Jesús regañó tan fuertemente a Pedro?

  • Si alguno quiere seguir a Cristo, ¿qué debe hacer?

  • ¿Qué ocurrirá cuando Jesús vuelva en su segunda venida?

¿Qué dice el texto?

El anuncio de la edificación de la Iglesia del Evangelio del domingo anterior introduce una nueva etapa en el relato de San Mateo. Esto se ve palpable en la expresión del evangelista “desde entonces comenzó Jesús a manifestar (…)”

De esto modo el Evangelio comienza a hablar de que el mesianismo de Jesús pasa necesariamente por la cruz, pero termina en la resurrección. Cuando Jesús dice que “tenía” que ir a Jerusalén y padecer allí, expresa que ese padecer hace parte del plan divino de salvación.

A Pedro no le cabe en la cabeza que Jesús, al que hace poco había reconocido como Mesías, tuviera que morir: “¡lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte”. Esta reacción de Pedro muestra que su compresión del misterio de Jesús es aún imperfecta, todavía ve en Jesús un mesías glorioso, según se esperaba en aquel tiempo.

En este sentido, sin saberlo, Pedro se estaba poniendo en contra del plan divino de salvación. Ante esto, la respuesta de Jesús fue muy fuerte: “¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios”. No es que Jesús diga que Pedro sea Satanás, sino que, con su actitud, al oponerse al camino salvador de Jesús, está actuando como Satanás. Pedro es, pues, todavía un discípulo imperfecto. Las palabras de Jesús, aunque fuertes, no indican rechazó, sino más bien son una invitación a que vuelva a ocupar el puesto de discípulo: “ponte detrás de mí”, es decir, debe caminar por la senda detrás de Jesús; y la senda de Jesús es la de la cruz.

Posteriormente, Jesús se dirige a sus discípulos para invitarlos a tomar su cruz y a negarse a sí mismos como exigencia del seguimiento. Efectivamente, si alguien quiere seguir a Cristo, sufrirá oposición y hasta persecución por anunciar el Evangelio. Negarse a sí mismo, significa, también, perder la propia vida para encontrarla en plenitud. Tomar la cruz es una expresión de los primeros cristianos que indicaba su unión con Jesús en su muerte y resurrección.

Pero, ¿Qué beneficios trae para el discípulo hacer semejante sacrificio? La respuesta se da en el horizonte del juicio; lo más importante es el desenlace final ante el tribunal de Dios: “porque el hijo del hombre vendrá con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta”. No importan lo sacrificios que se hagan, sino salir aprobados el día del juicio.

¿Qué me dice el texto?

Pedro no quiere que Jesús sufra. Actúa con toda la buena fe. Jesús es su amigo y además es el Mesías. Hace como suelen hacer los padres y madres con los hijos: procuran evitarles cualquier mal rato. Es bueno evitar el sufrimiento a las personas que queremos, pero el dolor es necesario para crecer, para madurar, para comprender a los que sufren.

Jesús dice a Pedro y a sus discípulos: “el que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”.  Si no asumimos la cruz tampoco cumpliremos nuestra misión y no podremos ser verdaderamente felices.

Este mensaje del evangelio choca frontalmente con la cultura dominante de nuestra sociedad, por eso es más necesario que nunca recordar las palabras del apóstol: “no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que agrada, lo perfecto” (Rom 12, 2).

¿Qué compromisos puedo hacer?

  • Vuelve a volver a leer el texto y, a la luz de la Palabra, analiza si en verdad estás buscando a Jesús o a ti mismo: tu prestigio, tu poder, tu deseo de aparentar en vez de buscarlo a Él.
  • «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga» Es el momento de actuar, de tomar la cruz que aparece en tu vida. No la que tú te buscas, y seguirle.
  • No seas como Pedro, que frena a las personas que quieren cumplir la voluntad de Dios en sus vidas, aceptando el sufrimiento. Actúa siempre como la voz de Dios y no como la voz de Satanás.

Oración final:

Te doy gracias Señor por el don de tu Palabra. Gracias porque no dejas de hablarme por medio de ella. Gracias mi Jesús por indicarme cómo puedo seguirte. Tú más que nadie conoces mis cruces, tú no te haces ajeno a ninguna de ellas, me ayudas a cargarla, me llenas de fortaleza para que juntos podamos con ella.

Gracias Señor porque no sólo me anuncias que tendré que morir a muchas cosas y pasar por diversas dificultades, sino que también me consuelas y me llenas de esperanza diciéndome que después de la pasión y la muerte hay un paso más…EL DE LA RESURRECCIÓN.