“Velen, pues no saben cuándo vendrá el Señor de la casa”

Oración:

Señor Jesús abre mis ojos y mis oídos a tu palabra. Que lea y escuche tu voz y medite tus enseñanzas, despierta mi alma y mi inteligencia para que tu palabra penetre en mi corazón y pueda yo saborearla y comprenderla. Dame una gran fe en ti para que tus palabras sean para mí otras tantas luces que me guíen hacia ti por el camino de la justicia y de la verdad. Habla señor que yo te escucho y deseo poner en práctica tu doctrina, por que tus palabras son para mí, vida, gozo, paz y felicidad. Háblame Señor tú eres mi Señor y mi maestro y no escucharé a nadie sino a ti. Amén.

 

Texto Bíblico: Mc 13, 33-37

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Estad atentos, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!».

Palabra del Señor.

 

Preguntas para reflexionar personalmente o en grupo:

  • a) ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • b) ¿Qué puede significar la invitación de Jesús a estar atentos y vigilar?
  • c) ¿Según el Evangelio, cuándo ocurrirá la segunda venida de Cristo?
  • c) ¿En qué ocasiones de tu vida te encuentras dormido según este Evangelio?

 

Reflexión

El domingo pasado celebramos con regocijo la solemnidad de Cristo Rey, y con esta fiesta hemos cerrado el ciclo ordinario del año litúrgico. Hoy iniciamos el Adviento. Adviento –en latín, adventus significa llegada – es el tiempo que va desde el día de Cristo Rey hasta la Navidad, y que nos prepara espiritualmente para celebrar con gozo y con óptimas disposiciones interiores el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo en la tierra, momento maravilloso de nuestra salvación.

En estas semanas previas a la Navidad, la Iglesia entera aguarda con júbilo la nueva llegada del Mesías, del Hijo de Dios, de nuestro Redentor, de nuestro hermano Jesús, hecho Hombre como nosotros y nacido para redimirnos. La virtud propia y más característica de este período es la esperanza.

Y, mientras esperamos su venida gloriosa, el Señor nos recuerda que hemos de estar siempre en vela, “porque no sabemos a qué hora llegará el dueño de casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o al amanecer”, nos dice en el Evangelio.

Hace tres semanas, Jesús nos contaba la parábola de las diez vírgenes, invitándonos a la vigilancia. Y hoy nos vuelve a recordar la necesidad de velar para que, cuando llegue, nos encuentre despiertos y preparados para recibirlo con un nuestro corazón puro, noble y generoso. Un poeta alemán del siglo XVIII decía: “Aunque Cristo naciera mil veces en Belén, si no nace en tu corazón, seguirías siendo un desgraciado”.

Se cuenta que un famoso artista pintó un bello cuadro. El día de la presentación al público, asistieron las autoridades locales, fotógrafos, periodistas y una gran concurrencia de espectadores. Llegado el momento, se tiró el paño que cubría el cuadro. Un estallido de aplausos hizo retumbar el salón. Una impresionante figura de Jesús tocaba suavemente la puerta de una casa. Jesús parecía vivo. Con el oído junto a la puerta, pretendía oír si adentro de la casa alguien le respondía. Se pronunciaron discursos y elogios. Todos admiraban aquella preciosa obra de arte. Sin embargo, un observador muy curioso y perspicaz, encontró un fallo en el cuadro y se lo hizo notar a su autor: la puerta no tenía cerradura. Y fue a preguntar al artista, no sin cierta picardía: “Oiga, su puerta no tiene cerradura. ¿Cómo se hace para abrirla?”

– “Así es- respondió el pintor. Usted ha observado bien. Esa casa no tiene puerta porque representa el corazón del hombre. Sólo se abre por el lado de adentro”.

Si nosotros queremos que Cristo venga a nuestra alma y nazca en nosotros esta Navidad, tenemos que abrirle nuestra casa desde adentro.

(Reflexión del padre Sergio Córdova).

 

Reflexión personal

  • ¿Si la venida de Cristo fuera hoy, estarías bien preparado para recibirlo?
  • ¿Qué acciones puedes realizar para mantenerte despierto ante la venida del Señor?
  • ¿Qué puedes hacer para que otros, tal vez miembros de tu familia, se preparen bien para el encuentro definitivo con Cristo?

 

¿Qué compromisos puedo hacer?

  • Concreta las diversas acciones que vas a realizar para vivir el adviento.
  • Intensifica tus momentos de oración y de ayuda a los demás. Que tu vida sea una espera vigilante.
  • Una persona que espera, que está en vigilancia, tiene despierto todos los sentidos. Te invito a poner en vigilancia tu oído, para escuchar al Señor que viene, que te habla; tu voz, para anunciar a todos su llegada, en especial a los que no les llega el anuncio de la buena Noticia; tu vista para descubrir a las personas que necesitan de su venida, el primero tú; tu tacto para acercar tu mano al que en el camino de la vida, su piel ha perdido la sensibilidad, está encallecida; tu gusto para esforzarte en gustar las cosas de Dios, saborear la riqueza de su Palabra, de la Eucaristía.

 

Oración final:

Dios del universo, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra planto, y que tu hiciste vigorosa. Que tu mano proteja a tu escogido, al hombre que tú fortaleciste. No nos alejaremos de ti; danos vida. Para que invoquemos tu nombre.