Arte de escuchar

La cartilla para la Etapa de la Escucha de nuestra Diócesis afirma: “La Escucha, es el centro del proceso sinodal, ya que una Iglesia sinodal es una Iglesia que Escucha”. Por eso escuchar, es un asunto colosal en la vida de una diócesis y de sus agentes comprometidos en la acción misionera.

A propósito, el Papa Francisco enfatiza: “También en la Iglesia hay mucha necesidad de escuchar y de escucharnos. Es el don más precioso y generativo que podemos ofrecernos los unos a los otros. Dar gratuitamente un poco del propio tiempo para escuchar a las personas es el primer gesto de caridad”.

Por ello en mi sacerdocio evoco con alegría mis servicios como chaplain voluntario (capellán), en dos de los hospitales más prestigiosos de Estados Unidos (John Muir Health y Kaiser Permanente, Hospital, Walnut Creek, Ca.). Allí ofrecía unción a pacientes, comunión, escucha a los enfermos y familiares, confería el bautismo condicional a niños prematuros y confesaba, entre otros.  Todo esto, me llevó a sacrificarme aún más, asistiendo a un College para mejorar mi inglés y poder escuchar y transmitirles un mensaje de esperanza más claro.

Un reportaje de Stanford University, declaró: “Estamos en el siglo de las comunicaciones, pero somos la generación que menos se comunica”. Aunque estamos sumamente comunicados, porque tenemos todo para comunicarnos, pero es el tiempo en el que la gente se siente más sola debido a la falta de oídos y corazones dispuestos a la necesidad del hermano.

Otra de mis enriquecedoras experiencias en el área de la escucha durante mi ministerio, fue cuando serví también como voluntario en dos Nursing Home de Estados Unidos (asilo de ancianos). Una de las cosas que más me impactó en esos lugares, fue ver a muchos ancianos bien atendidos materialmente, pero olvidados por sus familiares. De sus corazones salían gritos constantes de desesperación, angustia y dolor llamando a sus familiares.

El eco de esos gritos siempre quedaban sin respuesta. Yo, preocupado por ayudarles, preguntaba a los enfermeros que les cuidaban: “¿cómo podría hacer para que sus hijos les visitaran y los escucharan?” Pero recibía, casi siempre, la misma respuesta a esta petición: “Lo acordado con sus familiares y en nuestra póliza, es que sólo se pueden llamar a los parientes del anciano cuando ya falleciera”.  Para mí esto era muy duro, pero aún más, cuando logré ver con mis propios ojos, como la falta de escucha y soledad también matan.

Después de estas experiencias nació en mí, el deseo de fundar el Salón de la Escucha en una de las parroquias donde servía. Allí, con ayuda de una psicóloga y una socióloga ofrecimos asistencia a las personas que llegaban en busca de ser escuchados. De esta forma pudimos ayudar a muchas personas en búsqueda de un mayor sentido de sus vidas y un mejor camino, el de Cristo, Buen Pastor.

Tengamos en cuenta las palabras del Papa Francisco: “La verdadera sede de la escucha es el corazón”. Por eso, pidamos al Espíritu Santo que afine nuestro corazón y agudice nuestros oídos para detenernos y ser capaces de dar atención centrada y tiempo a alguien que necesite ser escuchado. 

Ven oh Espíritu Divino, eres nuestro guía para avanzar sin perdernos en este camino sinodal y sus etapas hacia la edificación del Plan Diocesano Pastoral.

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